lunes, 2 de agosto de 2010

La chica que Salta a través del Tiempo: La grandeza de lo sencillo



Aunque su título sugiere una historia cargada de elementos de ciencia ficción, en realidad “La Chica que salta a través del Tiempo” es más cercana a obras como “Whisper of the Heart” antes que a cosas como “12 Monos”: De hecho, el aspecto fantástico de esta película es precisamente aquel que es tratado con más superficialidad, siendo un mero vehículo para mostrarnos la personalidad y el crecimiento interior de la protagonista, Makoto una estudiante de preparatoria que descubre un día, tras un extraño incidente que posee la capacidad de dar “saltos” en el tiempo, capacidad que usa por causas tan simples como evitar que su hermana menor se coma su postre (No lo estoy inventando) o evitar tener que decirle “no” a la invitación de uno de sus amigos para salir juntos como novios.
No obstante, el poder de manipular el tiempo también traerá una serie de graves consecuencias, y Makoto no sólo descubrirá un sorprendente secreto de uno de sus mejores amigos, sino también lo que realmente siente por él.
En esta película, los elementos de la vida diaria son mostrados con mucha delicadeza y sencillez, dándole énfasis a la ambientación, la misma que consigue transmitir un clima de belleza y serenidad aún en los momentos más tensos y/o emotivos.
El personaje principal resultará ser el de más interés, evitando así los estereotipos o esquematismos que suelen aparecer en las series anime. La animación posee una gran fluidez, al punto que uno podría pensar que se trata de una producción del Estudio Ghibli, (Aunque en realidad es producida por Mad House) Pero más que nada, ese “aire” a película de Hayao Miyazaki consigue plenamente su efecto gracias a la sobriedad de la narrativa y lo honesto de su sensibilidad, demostrando así que en el cine es posible ser muy emotivo sin resultar por ello empalagoso o melodramático.
Esta película marca su diferencia con otras películas que buscan ser un “espejo” de la realidad (Como las películas hechas bajo el código del Dogma 95) no en el sentido de que introduce un elemento fantástico, sino basándonos en el hecho de que aquí, el “realismo” no busca impactar o chocar al espectador, sino que se expresa a través de matices y formas delicadas, sin violencia, a pesar de la intensidad de las escenas. Es la realidad turbulenta y acelerada de la juventud, reflejada bajo un lente amable y gentil, una visión conmovedora y nostálgica, a la vez que tranquila de todo aquello que implica ser joven, así como el proceso de la madurez.


En medio de tantas producciones animadas comerciales, el visionado de esta película resulta ser una experiencia agradable y plenamente satisfactoria y confirma a su director, Mamoru Hosoda (El cual, curiosamente es también director de la desastrosa película de Digimon y de la película “Summer Wars”) como una de las figuras más prometedoras y talentosas dentro de la industria del anime.



John Callahan-I Think I Was An Alcoholic

Wladyslaw Starewicz - Rozhdestvo obitateley

Animación stop motion de 1913:

Florence Miailhe - Les oiseaux blancs, les oiseaux noirs