sábado, 3 de enero de 2015

The Congress


¿Esto está pasando, o solamente está en mi imaginación?
      Robin Wright-O mejor dicho, la Robin Wright de la película.

Recuerdo que, allá, por el año 2001, antes de que se estrenara la película “Final Fantasy. El Espíritu en Nosotros”, había mucha expectativa al respecto, puesto que era la primera vez en la historia del cine en el que las animaciones digitales habían tal grado de realismo que se podía por lo menos considerarse la posibilidad de hacer cine sin necesidad de actores.

Como es bien sabido, dicha película fue un estrepitoso fracaso de taquilla que llevó a la bancarrota a Square Pictures, recibiendo en su mayoría críticas que pasaban de mixtas a negativas, muchas cuales hacían hincapié del efecto del Valle Inquietante que  producía cierto rechazo de parte de los espectadores hacia estos “actores digitales” (Y también que la trama era un tanto aburrida y repleta de clichés,  además de no parecerse en nada a la serie de videojuegos en los que supuestamente estaba inspirada, pero eso es un punto aparte) de manera similar, la reacción a otros largometrajes de animación hiperrealista  (Tales como “El Expreso Polar” y “Beowulf” de Rober Zemeckis) también han contado con reacciones irregulares en las que sus principales detractores afirmaban que más que humanos verdaderos, los personajes hiperrealistas producidos por ordenador parecían más bien “maniquíes cubiertos de cera”  o “posesos”…

Tomando esto en cuenta, la premisa planteada por The Congress (Ari Folman, 2013), según la cual una actriz venida a menos  (Robin Wright, quien se interpreta a sí misma)  recibe la oferta de un estudio para ser “escaneada” y convertida en una actriz digital parece, de momento al menos, una posibilidad lejana, algo perteneciente al campo de la ciencia ficción especulativa.


Sin embargo, “The Congress” no es solamente una inteligente crítica sobre lo que bien podría ser el mundo del cine en un futuro  cercano, ni tampoco solamente una reflexión sobre el papel que juegan los actores dentro de un filme, si bien dichos temas son los detonantes que dan lugar a los hechos que ocurren en la segunda parte de la historia, en la que la imagen viva da paso a la animación, y la propia Robin Wright se convierte en dibujo animado: Es a partir de este punto cuando la trama se vuelve mucho más compleja y difícil de seguir (aunque sin por ello perder el interés en ningún momento)  convirtiéndose en un maravilloso delirio rebosante de fantasía y color, que sin embargo no tarda en mostrar también su faceta oscura y decadente.






Las animaciones de The Congress son simplemente magnificas, evocando de la forma más impresionante posible a la obra de Max Fleischer y largometrajes psicodélicos  como El Submarino Amarillo, mostrándonos una suerte de “utopía” en donde cada persona puede decidir lo que quiere ser en cada momento: Desde celebridades e icónicos personajes de ficción, hasta dioses e incluso en menos tiempo del que toma parpadear.

Pero desde luego, tal cualidad a la larga resulta no ser más que una ilusión: Ya de entrada se muestra que el acceso al fantástico Congreso futurista que da nombre a la película se consigue por medio de una droga alucinógena, y en cuanto este sueño es brevemente interrumpido en un momento dado, queda a la vista que fue del mundo real y sus habitantes, revelándose la eventual conclusión de una sociedad sumergida en la autocomplacencia.

Creo que sería un tanto injusto de mi parte establecer una comparación entre “Waltz with Bashir” y “The Congress”, así ambos filmes hayan sido hechos por el mismo director: Las dos películas son muy diferentes entre sí tanto a nivel argumental como en el propósito de su mensaje, resultando las dos ser sobresalientes de una manera completamente distinta.




En un tiempo en donde todo parece haber sido dicho, en el que muchas de las más recientes producciones de ficción parecen cada vez menos dispuestas a correr riesgos en favor de una narrativa mucho más formulaica y “accesible”, se agradece la realización de películas como esta,  que invita a diferentes interpretaciones en cada visionado, resultando por ello mismo una creación artística tan infravalorada como remarcable.